sábado, 14 de marzo de 2026

LOS ABUELOS 2. LA ABUELA LOLA.

 LOS ABUELOS. LA ABUELA LOLA.

     Fue la única abuela que conocí en vida y siempre me pareció una mujer extraordinaria.
 

   La abuela Lola nació en Granada el 4 de abril de 1881, hija de José Fernández Garzón y Josefa Giménez Velázquez de Castro. Se casó con mi abuelo Pedro el 22 de mayo de 1904, con 23 años, y con él tuvo siete hijos.

     El 27 de febrero de 1905 nacía Dolores, su primera hija, que falleció cuando apenas contaba cuatro años de edad, el 25 de abril de 1909.
 

   El 20 de junio de 1907 nació su hijo Pedro.
    El 29 de septiembre de 1909, cinco meses después del fallecimiento de su hija Dolores, mi abuela tuvo una niña a la que puso por nombre Consuelo.
   El 20 de noviembre de 1910 nació José, su segundo hijo varón, que va a condicionar la vida de la familia por su enfermedad, por lo que se mudaron de Granada a Almería. José moriría antes de cumplir los 21 años, el 10 de marzo de 1931.
     El 7 de julio de 1913 nació Luis.
     El 25 de agosto de 1917 nació María Luisa, tercera hija del matrimonio.
     El 2 de enero de 1920 nació su último hijo, Carlos, que era mi padre.


     Recuerdo con mucho cariño la casa de mi abuela en Almería, allí estuve, incluso más tiempo del previsto, cuando recibí como regalo de mis padres conocer el mar, ya con diez años de edad.

     Recuerdo también la corrida de toros que montamos entre mis primos y yo en el patio de su casa y allí estuvo ella, en el palco que le habíamos preparado, soltando olés a todos los toreros (que éramos nosotros mismos) y ataviada con su peineta y su mantilla.


     La recuerdo también en Madrid, en casa de mi tía María Luisa, donde íbamos a verla especialmente en Navidades.

     Con setenta y pico años tuvo que operarse a vida o muerte, no sé decir por qué porque al ser pequeño eso no se hablaba delante de los niños, pero toda la familia estuvo muy tensa, hasta que ella, con su fortaleza, lo superó todo.

Con su hijo José ya convaleciente, al otro lado Consuelo.

     Tenía muchas ganas de hacer un viaje en avión desde Almería hasta Madrid, pero su médico no le dejó hacer ese viaje y se quedó con las ganas. Entonces el viaje en coche de Almería a Madrid podía durar de 7 a 8 horas.

     La mañana del 6 de julio de 1971 se sintió indispuesta y tres horas más tarde fallecía en una especie de sopor. Entonces no teníamos teléfono y avisaron a mi padre para que fuera a la base aérea de Getafe para recibir un aviso telefónico. Le acompañé y allí habló con la familia y se enteró de cómo había sido. Cuando terminó la conversación me abracé a él y le felicité, porque llegar a esa edad y morirse sin padecer era para alegrarse.


     Mi padre nos llevó a Fernando y a mí a casa de mi tía Rosa, mi hermano Carlos estaba en la sierra con unos amigos; y después, con mi madre, viajó hasta Almería para enterrar a la suya.

     Aparte del viaje horrible que tuvieron aquella tarde noche, después le tocó a mi padre preparar la tumba donde iba a ser enterrada su madre, pero antes tuvo que retirar los huesos de su hermano Luis para dejar sitio al ataúd. Cuando volvió venía descompuesto, y eso que era duro.


   Siempre hemos recordado a mi abuela con cariño y alegría y curiosamente, con quien más amistad hizo de nosotros tres, fue con mi hermano Fernando, el más pequeño, porque a los dos les gustaba muchos el futbol y tenían muy buen dominio de jugadores, entrenadores y campos de futbol. Cuando mi padre le preguntó a mi abuela que desde cuándo le gustaba tanto el futbol mi abuela respondió: "Desde que me estoy quedando sorda y no oigo las novelas ni las películas, pero los partidos sí".

Fotos: Archivo fotográfico de Carlos Perals Fernández.
Texto: Javier Perals.

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