UNA EXCURSIÓN. LA CENTRAL ELÉCTRICA DE SANTA FE.
PUBLICACIÓN: DIARIO DE LA MAÑANA. (Almería) CIENCIA Nº 4.911 Mayo 1920
Una excursión. Por Fernando Salvador Estrella.
Una excursión. Por Fernando Salvador Estrella.
La central eléctrica de Santa Fe (Se refiere al municipio almeriense de Santa Fe de Mondújar).
Para esa inmensa mayoría de los Almerienses que proclaman que aquí no existe nada que pueda ser objeto de atención ni motivo para enorgullecer al país, escribo estas impresiones recogidas en una rápida visita que he tenido la fortuna de hacer a la Central eléctrica de Santa Fe, en los ferrocarriles del Sur de España, cariñosamente invitado por el Director Técnico de la citada central y unos cuantos buenos amigos.
Son éstos don Pedro Peral(s), el mago de la fuerza, de la luz y de la Poesía, Director técnico de aquel Paraíso encantado; un antiguo empleado de los Ferrocarriles del Sur; un joven que goza de grandes simpatías en la ciudad; un farmacéutico, y un empleado del Ayuntamiento.
Y con estos amigos, en un desvencijado coche de tercera en el cual ¡cómo no! iba apretujado como los demás el susodicho ferroviario, llegué una de estas últimas tardes al punto de destino donde nos esperaba don Pedro Peral(s) y otra persona digna de ser presentada a nuestros lectores.
Lámase este nuevo personaje don Juan Puerta, que es en aquella esplendida nave titulada Central Eléctrica de Santa Fe, el segundo de a bordo, el brazo que ejecuta, la persona en suma a cuya pericia y vigilancia están encomendadas las múltiples operaciones de la inmensa instalación eléctrica.
Al pasar el soberbio puente, tomamos la vereda que conduce a la fábrica y una vez en el fondo del río (Andarax), caminando un poco aguas arriba, llegamos a un jardín situado ante el postigo del hermoso edificio.
Confieso que desde que salí de mi casa sentía verdaderas ansias por contemplar a todo placer el funcionamiento de esa misteriosa máquina, que no siendo más que un trozo de hierro y un carrete de hilo de cobre, le prestáis fuerza y os devuelve luz; pero perdóneseme la herejía de declarar también que la impresión que me produjo el delicioso jardín, borró en mí toda idea de Ciencia.
Y fue que de repente se sintió mi alma inundada de Poesía y mis ojos no alcanzaban a comprender tanta belleza.
Me veía envuelto por rosas, por millares y millares de rosas de variados colores, todas ellas espléndidas, fragantes, rosas desconocidas para mí, rosas de tan delicado perfume que prestaban al ambiente un olor de gloria.
Buscaba el misterio de la ciencia y encontré el misterio de la poesía que es la belleza, que es Dios.
La mano, siempre amiga de don Pedro Peral(s) me sacó de aquella contemplación para que un fotógrafo nos hiciera un grupo ante aquel marco de rosas.
Pasamos a la fábrica donde ya habían empezado a funcionar las máquinas. En el primer departamento me dice el señor Peral(s).
- Este es el lugar más sucio de la fábrica. Y nos da detalles de aquellas inmensas calderas para cuya alimentación se necesitan diez toneladas de carbón cada noche.
Allí me convenzo de que no me será posible hacer la crónica detallada de esta complicada instalación, primero por mi falta de conocimientos científicos en el asunto y segundo, porque no es posible retener en la memoria las palabras técnicas que el señor Peral(s) emplea en la descripción de cada máquina o aparato.
Mas salga como saliere, continuo confiado en que la indulgencia del lector complaciente disculpará mi insuficiencia en premio a mi buen deseo.
Es verdaderamente grandioso el salón del enorme alternador que funciona acoplado a poderosos cilindros.
El cuadro de distribución, espléndido y reluciente, es una verdadera maravilla digna de ser admirada, como así mismo lo es lo que pudiéramos llamar trastienda de este cuadro, donde todo se ve convenientemente colocado y perfectamente dispuestos los oportunos avisos de "Peligro de muerte" que aterran a algunos de sus amigos, sobre todo al covachuelista Municipal, que se niega rotundamente a entrar en esta habitación.
En todas aquellas máquinas, en los hilos y tuberías de conducción, en los aisladores y hasta en los más insignificantes aparatos auxiliares, nótase claramente la inteligencia y buen gusto de los directores de la fábrica. Las bombillas eléctricas cuya potencia luminosa no deja distinguir los filamentos de la lámpara, ponen de relieve, hasta en el último rincón del edificio, la justa fama de que goza el señor Puerta como pulcro y curioso hasta la exageración.
... tubo de hierro que tiene tres metros de diámetro interior y 21 de profundidad en el cual va dispuesta ingeniosamente una escalera desde el brocal hasta el fondo, y manifesté a Peral(s) la estrañeza que me causaba su insignificante coste ante la importancia de la obra. El amigo Puerta aseveró lo dicho y tuve que renunciar a mis dudas.
El farmacéutico quiso sin duda explorar las profundidades de la tierra y se aventuró por la escalera seguido del Munícipe.
Aunque pareciese de día, era ya entrada la noche cuando llegábamos a la bahía o estanque que sirve para el enfriamiento del agua de las calderas y de cuya operación ha sacado el ingeniero director un bellísimo recreo digno del hermoso e inmediato jardín.
(Tramo del recorte de prensa que aparece deteriorado y que me ha sido imposible rehacer)
Fue una sa ba tar cuyos tos y sutiles hilillos elevan en arco y van diminutas gotas sobre cristalina; unos muros que dan siempre tapizados de en el centro del pequeño lago un lindo kiosko de hierro que se eleva sobre cuatro columnas y tiene su acceso por un ligero puentecillo de madera.
Por este medio, hemos conseguido que el enfriamiento del agua sea casi instantánea - dice Peral(s) refiriéndose a los finísimos saltadores -, y en cuanto al kiosko, le proyecté como jaula para pavos reales, pero luego los amigos han decidido destinarle a comedor.
Apoyado en la barandilla del lindo kiosko contemplaba el tapiz de geraneos que a mi vista se ofrecía, mientras preparaban la mesa para la cena, cuando de pronto experimenté la sensación de algo grande y emocionante.
Los rosales habíanse iluminado súbitamente; las rosas parecían flores de luz. Yo recuerdo haber visto algo parecido en la Alhambra Granadina, pero desde luego allí no había tanta luz ni tantas rosas.
Los amigos acogieron la sorpresa con exclamaciones de admiración, conviniendo conmigo en llamar a Peral(s) desde aquel momento, el Brujo de Santa Fe.
Supongo al lector curioso esperando como digna contera de esta deliciosa velada, la descripción de una cena, en la cual entre manjares y espumosos vinos, surgiesen las obligadas espansiones de alegría o elocuencias de discursos; pero la sinceridad me obliga a consignar que "por fas o por nefás", fue una cena apacible, casi patriarcal.
El vino, que es el alma de la alegría en estos festines, permanecía estacionado en los vasos. No parecía sino que, después de haber bebido tanta hermosura por los ojos, el paladar negábase a gustar otra bebida.
Mas en realidad de verdad, no podía esperarse otra cosa de tan pacíficos visitantes. Quién declárese eminentemente vegetariano, quién completamente abstemio, y todos nos mantuvimos en el justo medio de una cena reparadora.
Un silbido lejano anuncia la hora del regreso, pues nos proponemos bajar hasta Gador en los tractores. Al pasar uno de estos el puente, ilumina ...
... zamos. Fue una bala perdida, un revolucionario, un puntal para elevar reputaciones. Era alto, delgado, nervioso, ahora le veo grueso y cachazado -¿A qué se debe esta transformación - le pregunto - El obrero sonríe, y el señor Puerta me contesta.
Al trabajo; llegó aquí hace diez años como un desengañado de la vida, le tomé por mi cuenta y a pesar de que alguna vez tuve que apagarle sus tufos de renovador callejero con algo más que razones, trabajó y continua trabajando como un buen obrero.
Llegamos al departamento de la fábrica donde se encuentra instalada la resistencia, de la que había oído hablar con gran elogio como invento exclusivo del señor Peral(s).
- He aquí el lugar de la fábrica que más estimo, me dice - porque ese sencillo aparato que ven ustedes es la satisfacción más grande de mi vida y al que debo la dirección de esta fábrica.
- Yo he oído - le contesté - que cuando la Compañía se propuso electrificar esta estación, para evitar el enorme desgaste que en el material móvil le ocasionaban esas fuertes pendientes, tropezaron los ingenieros con el problema de encontrar una tan poderosa resistencia capaz de regularizar la marcha de un solo motor. Que vinieron ingenieros de Inglaterra y de Alemania a estudiar el asunto y tampoco encontraron solución al problema hasta que llegó usted que resolvió la cuestión con el invento de ese aparato.
Peral(s) se ruboriza como una criatura y me contesta:
- ¡Oh, no tanto! ¡no tanto!
- Se dice además en Almería - continuo diciendo - que ha recibido usted ventajosas proposiciones de casas extranjeras solicitando la posesión de su invento, por el cual le ofrecen cantidades de consideración.
- No sé, no sé - contesta Peral(s) todavía contrariado.
Luego me acerco a la resistencia y sufro un desencanto mayúsculo, pues cuando me la figuraba complicadísima y artificiosa, veo con estupor solo tres barras de cobre en situación paralela y casi sumergidas en agua corriente que pasa por grandes cajas de mármol.
Disimulo mi ignorancia y continuo la visita.
Una torrecilla que se eleva en un descubierto es el brocal del pozo que suministra el agua a toda la fábrica.
- Esta humilde obra - dice Peral(s) -sí que me enorgullece, no por la dificultad que haya tenido que vencer para realizarla, sino por el resultado verdaderamente provechoso que de ella hemos obtenido.
Figúrese usted que antes de que existiese, costaba el agua 500 pesetas ...
... la obscuridad como fantástica antorcha colocada allí por manos invisibles para despedirnos de aquel encantado rincón del río y de un amigo tan cariñoso como Puertas. La hermosa obra de hierro tiene el aspecto de un monstruo gigantesco y reluciente.
En la estación vemos aún la fecunda labor de la mano de Peral(s) que ha construido, sin el menor gasto, cuatro grandes cuevas que bien pudieran pasar por esplendidos salones de la capital. En ellas están establecidas parte de las oficinas y los enormes almacenes o depósitos de los materiales menudos, cuya clasificación alcanza hasta el número de mil trescientos, según puede verse por las cifras de otras tantas cajas que, adosadas a las paredes las contienen. Los hermosos recintos están intensamente alumbrados y la curiosidad y excelente disposición de lo que pudiéramos llamar estantería son síntomas del buen gusto del autor.
Subimos por fin al tractor y durante su quieta y regular marcha fue explicándonos Peral(s) el funcionamiento de aquella maravilla, dándonos a conocer en las pendientes el momento en que la máquina producía energía eléctrica que transportaba instantáneamente como auxilio a otro tractor en funciones de trabajo.
El paso del largo túnel de Santa Fe alumbrado por los potentes focos del tractor me produjo una extraña impresión. Perforado en la roca y sin revestimiento alguno, su bóveda me hacía recordar los infernales subterráneos por donde Dante conduce a Virgilio hasta llegar a la laguna Estigia.
Llegamos a Gádor y poco más tarde, traqueteados por el infame vagón de tercera clase, volvíamos a la Capital pensando que las horas transcurridas en Santa Fe, son dignas de ser vividas en este mundo.
Fernando Salvador Estrella. Mayo, 1920.
Las dos primeras fotos pertenecen al archivo fotográfico de Carlos Perals F.
Realiza la entrada Javier Perals.



























